OPINIÓN: CYBERPUNK 2077 y sus notas

LAS NOTAS DE LANZAMIENTO DE CYBERPUNK VALEN CERO PATATERO

Pocas veces compro juegos el día de lanzamiento, pero con Cyberpunk hice una excepción de la que quizá, me esté arrepintiendo. The Witcher 3 de CD Projekt fue otro de los juegos que compré nada más salir, y aunque es cierto que requirió de unos cuantos parches para pulirlo completamente, la experiencia que me proporcionó fue satisfactoria desde el primer día. De hecho, The Witcher 3 es unos de los mejores juegos que he tenido la oportunidad de disfrutar en toda mi vida de jugador, y así lo reflejé cuando lo analicé. Un juego que a pesar de sus fallos iniciales, me pareció de 10. Con Cyberpunk esperaba que ocurriese algo similar, es un juego grande, ambicioso, que seguramente iba a requerir de unos cuantos parches para dejarlo alicatado. Y así ha ocurrido, lo que pasa es que los problemas en esta ocasión se han ido de madre, y lo que también es muy preocupante es que, una gran parte de la prensa no parece haberle dado la gravedad que debería tener.

Duelo de campañas – Battlefield 4 vs Ghosts

Como viene siendo habitual en los últimos años, volvemos a tener entre nosotros a los dos contendientes más esperados para los aficionados a los juegos de acción en primera persona, Battlefield contra Call of Duty, Electronic Arts contra Activision, el “alumno aventajado” contra el maestro ya consagrado. Son dos títulos que darán miles y miles de horas de diversión gracias a sus modos de juego Online, pero en este artículo me gustaría centrarme en un apartado cada vez menos importante para sus seguidores, pero que para mi, sigue siendo un añadido fundamental en cualquier producción actual. Hablo de la campaña para un jugador, un apartado cada vez más denostado por las grandes compañías, y cuya cobertura en los medios suele ser bastante olvidada. Quizá no sea lo más relevante a la hora de decidirnos por la compra de uno u otro, pero aun sí que me gustaría compartir con vosotros mis impresiones sobre ambas.

BATTLEFIELD 4

Battlefield4_3Podríamos decir que la campaña de Battlefield 4 es la más “clásica” de la comparativa, entendiéndose clásica como menos “flipada” pero no por ello exenta de situaciones espectaculares. Que nadie se asuste, aquí también hay hueco para las explosiones por doquier, edificaciones que se derrumban, en definitiva, esos momentazos que quedan genial en los típicos trailers que nos entran por los ojos, pero no son tantos como en su directo competidor. Toda la acción gira en torno a un posible conflicto entre Estados Unidos y China en el que el grupo Tombstone se verá envuelto en el típico viaje a lo largo de una sucesión de niveles en los que hemos de masacrar todo lo que se encuentre en su camino. Sigue leyendo

OPINIÓN – Las limitaciones de FIFA 13 tras 300 horas de juego

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No ha pasado mucho tiempo desde que realicé el análisis de FIFA 13 en este mismo blog. La impresión que tenía por aquel entonces era que estábamos, muy probablemente, ante el mejor juego de fútbol jamás lanzado, opinión  que reafirmo tras haber superado la barrera de las 300 horas jugadas, en su mayoría en el modo Temporadas. No obstante, y a pesar de los grandes momentos de diversión que me ha dado, y va a seguir dando porque sigo enganchado a él como el primer día, sí que me gustaría dejar claro que la saga FIFA tiene aún muchas cosas por depurar. He leído en muchas webs especializadas que EA Sports había encontrado techo en esta generación, y que salvo mejores muy puntuales en el apartado técnico, poco más se podía mejorar. Estoy totalmente en desacuerdo con esta afirmación, ya que todos aquellos que jugamos a diario con FIFA 13 nos encontramos con errores, algunos de bastante calado, que podrían ser solucionados sin necesidad de pasar de generación. Son fallos que nada tienen que ver con la capacidad técnica de las máquinas actuales, sino más bien con el trabajo de depuración por parte de los desarrolladores. A continuación iré comentando alguno de ellos. Sigue leyendo

OPINIÓN – El calvario de comprar juegos de lanzamiento

No soy comprador habitual de videojuegos el día de su lanzamiento. El caso es que lo fui durante muchos años, sobre todo en la década de los 90 cuando esperaba como agua de mayo los bombazos continuos que vivíamos en la época dorada del PC. Como es lógico no podía comprarme todos, así que poco a poco la lista de juegos pendientes fue -y sigue- engrosando, por lo que ese ansia por disfrutar del juego en cuestión desde el primer día fue decreciendo, y comencé a nutrirme de juegos de oferta. Y me dí cuenta de una cosa: los disfrutaba tanto o más que cuando los compraba recién salidos del horno. Así que como podéis adivinar, mi política sobre adquisición de videojuegos dio un vuelco total. Además, las ofertas en la industria del PC se han vuelto increíblemente jugosas en los últimos años, gracias a plataformas digitales como Steam y las numerosas tiendas de keys que hay por la red, se pueden adquirir juegos a precios muy accesibles apenas 3 meses tras el lanzamiento del juego.

Llevaba unos cuantos años con esta práctica y todo era “felicidad”, mi biblioteca de juegos se nutría de títulos de gran calidad a precios muy reducidos, pero no todo era de color de rosa. Comprar un juego de oferta también tiene sus “peros”, y más hoy en día en el que la vertiente multijugador tiene tanta importancia. No es la primera vez que compro un juego y descubro que no puedo disfrutar del apartado multijugador simple y llanamente porque no hay gente jugando, algo lógico porque el juego ya está “pasado de moda”. Siempre me he considerado más un jugador de experiencias “single player”, pero hay ciertos géneros que invitan a compartir tus “habilidades” con otros jugadores. En el último año he padecido esta ausencia de jugadores en unos cuantos títulos, por ejemplo Blur o Bioshock 2, y lo cierto es que sobre todo con el primero me tocó la moral bastante, porque las pocas partidas multijugador que eché fueron realmente divertidas, de hecho eran lo mejor del juego con diferencia.

Así que este año decidí darme el “homenaje” con FIFA 13 -más concretamente me lo regalaron-, uno de estos títulos que bien merecen ser disfrutados desde el primer día aprovechando el Online hasta sus últimas consecuencias. Tras pagar religiosamente los 40€ de rigor en Origin y soportar una hora de descarga digital, arranqué el juego y comencé a experimentar el calvario que, desgraciadamente, hemos de sufrir los compradores legales de juegos. La saga FIFA es una máquina de generar millones, cada entrega anual es un éxito de ventas incontestable, y uno se imagina, en su inocencia, que un producto con tanta audiencia y con tanto presupuesto, estará cuidado hasta el más mínimo detalle. Pues bien, tras una semana de juego he de decir que este lanzamiento es un auténtico despropósito, y una ofensa para todos los usuarios que lo han comprado. Diría más, es una tomadura de pelo.

No obstante me gustaría matizar toda esta amarga queja. FIFA 13 es un juego de fútbol excelente, o al menos a mi me lo parece. Jugablemente en materia futbolística me parece lo mejor que ha pasado por mis manos, técnicamente goza de unos valores de producción soberbios, y como es costumbre de la saga, la base de datos de jugadores es impresionante. Sin embargo todo este buen hacer se derrumba por culpa de molestos bugs de toda índole, que dejan entrever la poca previsión y profesionalidad que de una compañía como Electronic Arts se debería presuponer. El menos molesto es la ausencia de voces durante los partidos, una de las señas de identidad de la saga y que por algún extraño motivo, no nos acompañan durante los partidos. La solución que han “descubierto” algunos usuarios es desinstalar el juego y volverlo a instalar, aunque no siempre se recuperan las voces. Un apaño en toda regla…

Siguiendo con la lista de despropósitos, el modo Temporada es una auténtico desbarajuste se mire por donde se mire. De cada 10 partidos que intentes jugar contra un oponente humano, fácilmente en 5 se corta la conexión antes ni siquiera de empezar el partido. Pero aquí no acaba la cosa, una vez que se ha establecido contacto con un oponente y entras en el campo de entrenamiento previo al inicio del partido, ¡sorpresa! el partido no empieza. Y así nos quedamos, controlando al jugador frente al portero sin posibilidad de volver al menú del juego por mucho que pulsemos todas las teclas y botones. La única solución pasa por “matar” el juego desde el administrador de tareas. Y vamos con más fallos. No son pocos los usuarios que experimentan salidas al escritorio “espontáneas” mientras juegas un partido, lo que se traduce en un cabreo monumental y la pérdida de los 3 puntos al haber abandonado la partida. O el más “gracioso”, cambiamos de equipo en la selección de equipo, pero cuando entramos en la plantilla vemos a los mismos jugadores del equipo anterior al que controlábamos.

En definitiva, FIFA 13 tiene toda la pinta de ser un producto inacabado, o al menos no lo suficientemente testeado como para producirlo como churros. Y no es el único juego que obedece a este modus operandi, basta darse una vuelta por alguno de los miles de foros que hay por la red, para percatarse que fallos de este tipo son habituales en cada lanzamiento, tanto en PC como en consola. Que si problemas de rendimiento, que si cuelgues inesperados, que si servidores de activación caídos, que si savegames corruptos… Es una forma un tanto “curiosa” de premiar al comprador legal que ha aflojado su maltrecha billetera, y que ayuda a soportar una industria cuyos presupuestos millonarios se mantienen precisamente por esos compradores iniciales. Yo lo tengo claro, he pecado de bisoñez, me he creído que esto era como en los viejos tiempos, cuando comprabas algo y podías jugarlo de principio a fin sin sorpresas. Pero no, ahora hay que poner un cirio para que tu inversión de 50€ funcione, esperar a los parches de turno y con un poco de suerte, poder jugar tranquilamente sin sobresaltos. Lo que sí tengo claro tras esta experiencia es que han vuelto a perder un comprador de juegos de lanzamiento para una larga, pero que muy larga temporada.

OPINIÓN – El DLC como forma de mutilación de juegos

Durante esta generación todos estamos padeciendo la evolución de las antaño apreciadas “expansiones”. Aunque más que evolución, habría que hablar de cambio de concepto, un giro radical que apuesta por ofrecer contenido supuestamente adicional sin importar mucho la forma, o lo que es peor, el propio contenido. Y es que el problema no está en cobrar “X” euros por ponerle una faldita mona a la heroína de turno, un aspecto que al fin y al cabo no afecta al juego final. Pero sí me preocupan aquellos DLCs que realmente no lo son, es decir, aquellos cuyo contenido se extrae de la propia versión final para venderlos aparte. El caso es que la idea no está del todo mal si por el camino hubiese una rebaja del producto final, o al menos una advertencia que dijese “Ojo, este juego te lo vendemos al 80% y por eso es 20€ más barato, si quieres acabártelo al 100%, tendrás que pagar esos 20€ más adelante”. Pero no, te lo venden supuestamente enterito, para luego llevarte la sorpresa, anunciada a bombo y platillo, de que el juego tendrá 3-4 DLCs, cada uno a 10€. El negocio es redondo, 60€ de inicio más 40€ de DLCs, en total 100€ por un juego “completo”.

Esta reflexión, o rabieta, como prefieras llamarlo, viene a cuento de El Eslabón Perdido, el DLC de Deus Ex: Human Revolution que he finalizado recientemente. Sus buenas 5-6 horas de duración parecían tener “sabor” a expansión, pero ingenuo de mí, me encontré con la cruda realidad. Sin extenderme demasiado en cuanto a la  moralidad de esta práctica, sí que me gustaría denunciar hasta qué punto se trocean los juegos por el hecho de sacar unos beneficios extra a costa del usuario final, y qué mejor prueba que la de este DLC. Hablando sin tapujos, estamos ante una mutilación del juego original, así de claro y así de sencillo. El Eslabón Perdido es un trozo de la aventura principal, un jugoso pastel arrancado de cuajo para vendérnoslo aparte. Sin entrar en muchos detalles, este DLC da comienzo en un momento “X” en la mitad del juego original, y que aquellos que hayan pasado por ese punto, se habrán percatado de que quedaba algo “vacío”. El Eslabón Perdido no puede ocultar sus orígenes, que nada tienen que ver con un producto realizado a posteriori, sino que su concepción inicial fue la de estar integrado en el juego final. Es más, una vez acabado el DLC, te das cuenta que esa parte de la historia, habría sido mucho más valiosa en el juego para entender la trama en su totalidad.

A nivel jugable es exactamente idéntico a Human Revolution. No hay ni una hablidad más, o algún arma especial que merezca la pena mencionar, todo permanece inalterable respecto al original. Y lo mismo podemos decir del apartado técnico, nada nuevo bajo el sol, si acaso algún efecto de agua destacable que apenas se dejaba ver en la aventura principal. Pero más allá de la crítica sobre la política de DLCs, y que El Eslabón Perdido debería haber estado incluido en el juego final, hay que reconocer que proporciona una cantidad de horas más que aceptable. La historia sigue siendo igual de interesante, y a pesar de desarrollarse en interiores, el mapeado es lo suficientemente grande y complejo como para pasarte un buen rato perdiéndote por sus estancias.

No obstante es una verdadera lástima que en este DLC no se haya pulido ningún aspecto criticable de Human Revolution porque, ¿qué menos que haber depurado las rutinas de la IA de la máquina? Pero claro, esto hubiese requerido de un esfuerzo extra, cuando es mucho más sencillo y barato cortar un trozo de la aventura principal, sin importar las implicaciones a nivel de argumento que pueda tener. Inversión cero, beneficio total. Tampoco quiero focalizar esta crítica contra EIDOS o Square-Enix únicamente, ya que hay multitud de ejemplos más sangrantes en la industria. Capcom y su política de DLCs en juegos de lucha es auténticamente vomitiva. No hay nada como programar un juego con 20 luchadores e incluirte solo 12, para que luego tengas que pasar por caja al desbloquear los restantes, que en algunos casos están pululando por ahí, en el mismo disco original. O qué decir de Ubi Soft y su Prince of Persia lanzado en 2008, cuyo final te dejaba con cara de gil… estooo, de pocos amigos.

Dar con una solución a esta moda es complicada, sobre todo cuando ya hemos pasado por el aro con ella. La manera de rebelarnos podría ser no comprar dichos DLCs, pero claro, no todo el mundo está dispuesto a quedarse “a medias” de su juego favorito, y apelando a esa vena de jugón, los “sabios” de este negocio hacen su Agosto. Porque no nos engañemos, hay DLCs que sí merecen la pena, aquellos que de verdad aportan un valor añadido al original como pueda serlo El Despertar de Dragon Age: Origins, con sus 20 horas de juego, una nueva historia apoyada en los acontecimientos del original, nuevos personajes, nuevos escenarios, más objetos y armas…

El Despertar de Dragon Age es el ejemplo de lo que debería ser un buen DLC

Quizá la solución pase por apoyar solo aquel contenido que verdaderamente merezca la pena, o quien sabe, puede que esté profundamente equivocado y los DLCs sean un bien necesario tanto para las compañías como para los usuarios.  A tenor de las cifras de ventas que se obtienen por algunos DLCs en forma de refritos de mapas para el shooter de turno, mucho me temo que, para mi desgracia, el equivocado o el raro debo ser yo. Mi forma de protesta no es otra que comprar DLCs a precio de ganga, y si el juego lo merece, esperar a la típica revisión Game of the Year a precio reducido. No pretendo conseguir nada reseñable con esta práctica, pero al menos me siento menos “engañado” con esta ridícula moda que al final, queramos o no, nos está pasando factura a todos los que apoyamos y adoramos esta afición.