ANÁLISIS – Metro Exodus

GÉNERO: Acción
DESARROLLADORA: 4A Games
DISTRIBUIDORA: Deep Silver
VERSIONES: PC, PS4, Xbox One
FECHA DE LANZAMIENTO: 15.02.2019
VERSIÓN ANALIZADA: PC

¿UN CAMBIO NECESARIO?

Desde que viese la luz allá por el año 2010, la saga Metro se ha caracterizado por ofrecer una experiencia en solitario de calidad. No eran los juegos más refinados del género, pero a cambio ofrecían un estupendo equilibrio entre ambientación y posibilidades, ganándose un hueco en el corazón de muchos jugadores. En esta tercera entrega sin embargo, hay un intento por ser más ambicioso, de dar un salto de calidad necesario para poder codearse de tú a tú con los grandes del género. Toca adentrarse en el peligroso terreno de los mundos abiertos, y digo peligroso porque es un concepto que va en la dirección contraria a lo que venía ofreciendo la saga. Veamos qué tal les ha salido.

Metro Exodus continua la historia de Artyom -ese protagonista mudo durante la aventura, que sí habla en los interludios- tras descubrir lo que ya sospechaba en anteriores entregas: que hay más vida fuera del metro de Moscú. ¿Y qué mejor forma de recorrer todo ese territorio inexplorado, que con un grupo de compañeros a bordo de un tren? En definitiva, se trata de emprender un viaje hacia la búsqueda de respuestas, y de otros supervivientes que den sentido al mundo que quedó tras el desastre nuclear. Esta historia se ha materializado en numerosos diálogos y secuencias en primera persona de gran impacto visual, así como notas, libros y audios grabados que irás encontrando por los escenarios. Se podría decir que la parte narrativa tira de recursos conservadores pero efectivos, aunque la ejecución no es quizá la más adecuada. Los diálogos cuentan con un doblaje muy forzado, se producen pausas muy largas entre las respuestas, y casi parece como si estuviesen recitando más que charlando entre compañeros de viaje, lo que le resta algo de credibilidad. Además, la historia que cuenta tampoco resulta muy interesante, aspecto que choca al ser un juego inspirado en una obra literaria. En resumidas cuentas, que uno tiene ganas de que se acabe la “chapa” para ponerte manos a la obra.

En esta tercera parte hemos pasado de los oscuros túneles de la red de metro, a una especie de mundo abierto con una libertad de acción inédita en la saga. Aunque hablando en propiedad, son tres pequeños mundos abiertos independientes, pero cada uno con entidad propia dentro del desarrollo de la historia. Un salto importante en lo que se refiere a materia jugable que, curiosamente funciona mucho mejor de lo que me esperaba. Me he encontrado con un mundo abierto inteligente que busca enriquecer la experiencia a base de exploración, y no tanto por ofrecer mucha cantidad de cosas que hacer. Hay una misión principal marcada por una X en el mapa, pero a diferencia de otros mundos abiertos, los encargos secundarios apenas se cuentan con los dedos de una mano, y en mi opinión este es uno de los grandes aciertos del juego. Esto va más bien de soltarte en un mapa y explorarlo en busca de suministros y personajes que puedan ayudarte a echar a andar al tren, y no tanto de hacer encargos estúpidos que solo sirven para distraerte de la misión principal. La experiencia podría parecerse a la de un juego de supervivencia, aunque muy suavizada, todo sea dicho. Esto no es un Stalker, ni mucho menos, pero tampoco creo que sea la pretensión de sus creadores.

La munición y el armamento ya no escasean tanto como en títulos anteriores, aunque tampoco es recomendable liarse a tiros con cualquier criatura o mutante que te encuentres. A poco que te dé por explorar los escenarios, encontrarás suficientes suministros como para poder modificar armas a tu antojo, repararlas, crear munición, fabricar botiquines, cócteles molotov, bombas, etcétera. La máscara y los filtros anti radiación, señas de identidad de la saga, siguen ahí, pero su uso ya no es tan prioritario como antaño, y cuando se hacen necesarios seguro que tienes más que de sobra. En este sentido sí que se ha perdido algo de esa tensión que transmitían los túneles del metro, pero también ha ganado en otras cosas. El mundo abierto cuenta con su ciclo día y noche, así como condiciones climáticas cambiantes, lo que añade un puntito estratégico a la hora de abordar determinadas situaciones, porque no es lo mismo cruzar una zona de mutantes o adentrarte en un campamento enemigo en una noche cerrada, que hacerlo a plena luz del día. Y ojo, que también hay hueco para misiones lineales en escenarios cerrados, en los que se recupera esa ambientación opresiva y de cague, por qué no decirlo, de los primeros Metro. Desgraciadamente no se ha aprovechado la ocasión para arreglar los problemas de la IA, que sigue siendo bastante mediocre, e incluso mala, si te da por sacar partido a las opciones de infiltración del personaje.

El mundo abierto también ha traído consigo un enorme lavado de cara tecnológico. Metro Exodus es un portento recreando escenarios grandes y repletos de efectos realistas, que además saca provecho de la tecnología de trazado de rayos -para quien tenga el hardware adecuado, lógicamente- y en este sentido hay pocos títulos que le puedan hacer sombra. Ese lucimiento queda algo en entredicho por la recreación de personajes, o mejor dicho, por sus animaciones. Los modelados tanto de personajes como de criaturas están bastante bien realizados, pero la forma en la que se mueven por los escenarios es, por decirlo suavemente, un tanto robótica. Este problema se agrava en las expresiones faciales, que son directamente dignas de una generación anterior, lo que unido al problema que comenté anteriormente con los diálogos, terminan por estropear algunos momentos narrativos que deberían ser más trascendentes. Es una pena que ambos aspectos no estén al nivel de los entornos, pero aún así estamos sin duda ante uno de los juegos más vistosos de esta generación.

Todos estos cambios técnicos y jugables, algunos positivos y otros no tanto, han tenido un efecto claro en la duración del juego. Una partida normal puede irse a las veinte horas fácilmente a poco que seas curioso y explores los escenarios con detenimiento, y te recuerdo, sin tirar de contenido chorra, que es lo realmente importante. Además, hay dos finales diferentes dependiendo de lo “cabrón” que hayas sido durante la aventura, pero me parece mucho más aliciente volverlo a jugar para afrontar los combates de otra manera, que por el hecho de ver una secuencia final distinta. Metro Exodus es de esos títulos que se sigue disfrutando aunque ya sepas lo que va a ocurrir a continuación. En definitiva, la nueva vertiente de mundo abierto le ha sentado de maravilla, y para mi sorpresa, lo que sigue fallando son aspectos que ya chirriaban en anteriores títulos de la saga. Quizá en una futura entrega veamos el Metro definitivo, ese que siga ofreciendo escenarios abiertos de calidad, y que no se olvide de pulir otros apartados que ya deberían estar más que resueltos.

LO MEJOR
Escenarios abiertos que merece la pena explorar.
Técnicamente brutal en muchos aspectos.

LO PEOR
La IA de los enemigos es muy mejorable.
Las animaciones en general son pobres.

7/10

2 comentarios el “ANÁLISIS – Metro Exodus

  1. Me lo has vendido. Aprovechare como hago siempre de esperar a que estén a 19,90€. He jugado a los dos anteriores y me gustan, pero siempre me han dejado sensaciones contrariadas.
    Saludos.

    Me gusta

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